Estaba yo por un barrio de uno de los conos de Lima visitando a mi abuelita, era el día de la madre y como de costumbre iba a visitarla, a llevarle algo y de paso probar la deliciosa comida que me remonta a mi infancia, ella para mi es como una segunda madre después que la mía había emigrado hace ya varios años al extranjero.
La historia empieza al salir de aquel lugar, era ya muy tarde, las pláticas con mi abuelita se hacen interminables, y bueno tenía que caminar unas cuadras para tomar un taxi, mi abuela vive sola así que es ilógico que me acompañe, sólo me da su bendición, y con sus frases atemporales me dice; cuídate, no te hagas que tu has vivido aquí y sabes todas las mañas.
Había yo llegado al paradero, estaba muy oscuro y casi ningún taxi pasaba por el lugar, entonces empece a preocuparme y pensé seriamente en regresarme y dormir en mi antiguo hogar, pero mañana tenía que ir a la universidad y todo se me iba complicar, de pronto bajo el umbral de aquellos postes deteriorados por el salitre del mar próximo se hacía visible una silueta, la de un hombre de mediana estatura, y con una cojera que se notaba en su caminar.
Normalmente a esas horas y por ese lugar me hubiera alejado un poco para evitar algún percance, aquel que viva en estos lugares de Lima; sabe muy bien a que me refiero, pero como era un hombre que cojeaba, no le di mayor importancia. El hombre llego a mi y físicamente era un negrito con todos los rasgos y con una ropa muy vieja tanto que estaba entre el límite de un ropavejero y un loco, me miro y no dijo ni una palabra, estaba como a unos 8 metros de mi y también intentaba tomar un taxi.
De pronto empezaron a llegar los taxis, esperaban a que sea más de las doce para poder cobrar un poco más, uno de ellos frena, ve al negrito, pone primera y arranca, el volteo a mirarme y respiro nada más, llega el segundo taxi, frena lo mira, pone cuarta y se va, entonces por fin le escuche hablar y me dijo: "puta madre carajo, toda la vida es lo mismo, tu porque eres blanquito no tienes este problema, pero yo, yo paso cosas como estas todos los días, y a nadie le importa, ni siquiera porque soy cojo de la guerra del cenepa, que lamentablemente no tiene donde caerse muerto, por que yo, yo fui un puto comando que no recibe nada como los blanquitos que sí los suben de puesto y ahora son hasta ministros".
Le vi la tristeza en los ojos, el nudo en la garganta que hacia flaquear su voz, y sin pensarlo me puse en sus zapatos y dije entre mi, puta madre carajo, cuando los peruanos dejaremos de juzgar a la gente por su color, cuando veremos a una gringa con un negrito, a una China con un trigueño, como lo veo en un país de primer mundo, cuando nuestra afición por el Occidente dejará de ser una piedra en el camino para mirar más abajito del mundo, y darnos cuenta que somos nosotros mismos los que nos separamos, y hacemos de la inclusión y unidad nacional una utopía difícil de alcanzar.
E.S.

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